Tigre con alma cubana (II)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Después de todo, creo que no me voy a ahorcar hoy.

GCI

máquina de escribirDigámoslo de un golpe: GCI es una de las figuras más representativas de la literatura nacional. Me atrevo a situarlo en escalones cercanos a los de Alejo Carpentier, con un incentivo adicional: su literatura refleja más el lenguaje y las peculiaridades de los cubanos. Él lo diría con su acostumbrado estilo: Mientras que Carpentier, por su propia voluntad, decidió hablar y aparentar ser muy extranjero en Cuba, yo me hice muy cubano en Cuba y en el extranjero[1]. Más de treinta años en el exilio no aplastaron el amor a su archipiélago.

Cada uno de sus textos incluye el recuerdo de un amigo, el paisaje añorado de su ciudad, un beso robado…, también la experimentación sensual y satírica. Toni Moneé afirmó que el humor y la inteligencia son las señas de identidad de sus libros[2].

¿Acaso el autor de Así en la paz como en la guerra no merece una recolocación dentro de las letras cubanas? ¿Acaso no debemos reconocer sus aportes a la literatura nacional? Claro que sí, porque fue muy habanero desde el exilio y desde sus obras, porque fue y es uno de los creadores del patio con más prestigio internacional. G. Caín, como firmaba las críticas de cine, estuvo lejos de ser un santo. Cualquier análisis no puede alejarse de su actitud contraria a la revolución. Estás páginas no pretenden convertirlo en víctima, sino ser consecuentes con su calidad literaria y el derecho a leer sus obras, que deberían tener los cubanos, como todos los habitantes del planeta. Acceder a sus textos no debería ser privilegio de pocos en la Isla.

Luis Sexto, periodista de Juventud Rebelde, me aseguró mediante correo electrónico que GCI se mantuvo obcecado, que casi escupía fuego contra el gobierno revolucionario. Sin embargo todo estuvo lleno de condicionantes. Habría que ver si su esposa, todavía viva, aprueba la publicación de los libros aquí. Habría que ver también si la política cultural cubana está preparada para hacerlo. (Sexto, 2013)

Pero, ¿qué lo hizo tan peculiar? ¿Qué lo convirtió en uno de los escritores más cubanos y famosos?

La crítica de cine fue uno de esos caminos, afición que, como señaló Vicente Molina Foix, lo convirtió en un analista, con voz fuerte, cuando otros sólo veían al séptimo arte como juguete o falsificación. Esa pasión le vino desde la cuna. O casi. Él mismo lo escribió en La Habanacuando aludió a su madre: esta amante del cine que me llevó al teatro del pueblo a los veintinueve días de nacido, creándome un cordón umbilical con la cinematografía, casi naciendo yo con una pantalla de plata en la boca[3]. Sus trabajos brindan la impresión de que no se le escapó una sola película, pareciera que desde que vio Los cuatro jinetes del Apocalipsis en aquella ocasión, el séptimo arte se convirtió en religión a la que dedicaría gran parte de su vida contemplativa.

Según Ernesto J. Gil López,  la cinematografía fue para él como moderno maná que le caía del cielo [4]  y la fuente principal de sus ingresos económicos durante muchos años. Pero, ¿por qué fue distinto, tan imborrable? Más allá de la calidad de sus críticas en Carteles, de 1954 a 1960, premios internacionales y los guiones para Hollywood, se metió tanto en ese mundo que solía hablar en términos cinematográficos.

Antoni Munné asegura que si Caín quería hacer corto un relato largo, simplemente decía: Te voy a hacer la sinopsis. Cuando se refería a un suceso que ocurría en tiempo y lugar idénticos, lo identificaba como Esta secuencia…. Un recuerdo era un flash-back[5].

Munné también cuenta que en una ocasión visitó su casa. GCI lo enmarcaba con las manos, haciendo un cuadrado de índices y pulgares. ¡No te muevas!, que te me vas de cuadro, le dijo con tono imperativo. Cuando alguien abría las persianas y el sol le daba en la cara exclamaba ¡Me han echado 20.000 full-candles![6]

A veces, sus textos parecen escritos para verdaderos conocedores del mundo fílmico, por las constantes referencias a directores, actores, películas e interioridades. El mismo Antoni Munné aseguró que algunos  lectores de Carteles tuvieron que soportar su despliegue crítico con paciencia. Los suscriptores esperaban cada miércoles con una mezcla de expectativa angustiosa y helada indiferencia: ¿aparecerá hoy también?, ¿cuándo acabarán de quitarlo?, ¿este hombre nunca duerme? Al final, Caín logró lo que se temía: tener menos lectores que cuando comenzó seis años antes[7].


[1] Jill Levine, S: Ob. Cit., p. 8

[2] Antoni Munné: Retrato del crítico como ente de ficción, p. 3

[3] Guillermo Cabrera: La Habana para un infante difunto, p. 52

[4]Cabrera Infante, 2004, p.2

[5] Antoni Munné: Ob. Cit., p. 8

[6] Ibídem, p. 12.

[7] Ibídem, p. 19.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 20 de agosto de 2013 en Personalidades y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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