Tigre con alma cubana

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Después de todo, creo que no me voy a ahorcar hoy.

GCI

 

periodismoLas discrepancias con el nuevo gobierno lo golpearon en el pecho. Abandonó al país. Su voz se alzó como puñal contra la revolución. Algunos lo consideran cubano por nacimiento, cinéfilo por vocación, y, podría afirmarse que anticastrista por amor al arte, o dicho de otra manera, por cuestiones (est) éticas”.[1]

Esas razones debieran resultar insuficientes para silenciarlo aquí. La calidad artística se aleja de cuestiones políticas. Más allá  de su “malaleche”, Guillermo Cabrera Infante (GCI) es uno de los mejores escritores y críticos de cine de la historia de Cuba. Merece reconocimiento. Sus textos no pueden continuar ocultos para la mayoría.

No soy “infanticista”, ni tampoco “infaticida”. Lo dejo claro desde el principio, aunque defenderé un criterio que quizá desagrade a muchos.La reinserción de GCI en el ámbito literario de la nación sería un acto de justicia, no solo por su fama y premios internacionales como el Cervantes en 1997, también por su amor a la tierra natal, en especial a La Habana, y porque representa como ningún otro (…) el sentido del humor, el choteo que evidencia un modo de ser muy arraigado a la literatura y a la vida en el país[2]. Él lo dijo: (…) el exilio me ha hecho perder a mi lector natural que es por supuesto un cubano y si es posible un habanero. Y eso ha sido para mí un conflicto porque mis libros están prohibidos en Cuba[3]. Le añado que  muchos habitantes de esta Isla dejaron de leer páginas de alta calidad estética, espíritus y memoria de ellos mismos. Todo por la maldita política. ¡Qué era un tipo “complicado”! Está bien. Alfredo Guevara escribió en Dialogar, dialogar: Puede defenderse el derecho a no ser revolucionario. Lo que no se puede aceptar es la contrarrevolución activa[4].

La expresión “hombre, obra y decisiones en su tiempo” me retumba en la cabeza. Cuba era un hervidero durante aquella década del `60, en la que el artista se alejó. La lucha de clases adquiría matices especiales. Los enemigos amenazaban a la nueva sociedad. Él se fue “por su voluntad”, después de haber sido diplomático revolucionario y de publicar Así en la paz como en la guerra, después de haber dejado un ambiente caldeado respecto a PM y a otros escritores, en especial a los de Orígenes. Le planteó batalla al gobierno desde el extranjero.

Lo único que podía recibir de las autoridades cubanas era hostilidad y negaciones. Eso es comprensible. Eran los signos de las circunstancias: la guerra desde ambas partes. Hoy, la época pide poner a cada quien en su sitio.

Me podrían decir que las palabras de Cabrera Infante tenían la fuerza de fusiles o cañones. Recordemos que todo está condicionado. Cuando alguien se siente marginado, cuando escribe para personas que casi no tienen acceso a sus párrafos, cuando su nombre se calla en el país de origen, la persona sufre, se molesta y hasta odia. Pero los textos de GCI nunca pudieron ocultarse totalmente, pasaban de mano en mano como seres vivos, rebeldes y maduros, transformados en fetiches manoseados, con el incentivo adicional de ser prohibidos. Por eso respiraban como mito escondido en rincones de La Habana, como Elegguás que abrían los caminos del recuerdo para que la ciudad no se olvidase a sí misma[5].

Tras la muerte del escritor (y es necesario decir que la noticia no fue divulgada aquí) se habla más de su obra. Parece que aquellos días en que se cambiaba un La Habana para un infante difunto o Tres tristes tigres por leche condensada, aceite, carne de pollo, huevos, viandas, pasta de dientes o ropa, terminaron. Ahora circulan más ejemplares, y profes de la Universidad hablan sin miedo del autor. Sin embargo, todavía algunos se ponen nerviosos cuando escuchan Guillermo Cabrera Infante… o Tres tristes… es mi libro preferido.


[1]Jill Levine, S: El traductor interno, entrevista con Guillermo Cabrera Infante, p. 13

[2] Molina Foix: El Reino Cainita, p. 7

[3] Jill Levine, S: Ob. Cit., p. 18

[4] Alfredo Guevara: Dialogar, dialogar, p. 145

[5] Marcelo Armas: Prólogo de La Habana para un infante difunto, p.3

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 6 de agosto de 2013 en Comentarios y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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