Sicilia, filme de resistencia (III)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Película SiciliaEn Sicilia se parte de una idea, se selecciona y se fragmenta una situación, se desestiman otras y con esa nueva materia se construye la película. Por tanto, la realidad cinematográfica se mueve en un perpetuo doble juego de presencias y ausencias respecto a los referentes de lo real y en correspondencia a la sucesión del presente de la película, a la continuidad fílmica (planos y secuencias).

Cuando uno ve el filme se pregunta por lo que está “ausente”, por lo que nos sugiere lo que aparece en pantalla, que puede ser, por ejemplo, una sonrisa en la escena del tren, como le contaron los Straub a Pedro Costa.

Los directores Straub dijeron que existió una sonrisa en el rostro escéptico del protagonista, cuando, en el vagón, su compañero de viaje se presenta como “jefe del catastro”. Según los comentarios de la pareja de cineastas es necesario que el espectador perciba que el protagonista no se va a dejar engañar por los líos del otro. Pero esa sonrisa queda oculta, yace en algún lugar. La sonrisa no existe, no fue rodada, en su lugar Straub y Huillet, prefirieron el “arte cinematográfico”: prolongaron el silencio antes de la contestación para que el espectador percibiera que al protagonista no le convence lo que le dicen.

Esa sonrisa –al igual que otros aspectos–, queda en el limbo del cine, predispuesta y almacenada en la “no-imagen”; no guionizada, no rodada, fuera del encuadre, pero predispuesta a ser sugerida por la “atracción” de los elementos dispuestos para el montaje. Aquí es donde reside la complicación de los “no-reconciliados”: requiere de “un esfuerzo considerable de memoria y de imaginación, o dicho de otra manera, de lectura”.

Son obras cinematográficas que requieren de un espectador antagónico, sin pasividad, un lector con conciencia crítica que sepa leer lo visual que caracteriza a la “pedagogía straubiana”.

En verdad, cada vez queda menos de ese tipo de público. Hoy la mayoría de las series televisivas, películas y novelas son predecibles.  No exigen una actitud activa de quienes se sientan frente a la pantalla.

Según Jean-Charles Fitoussi, el trabajo de dicción en Sicilia fue similar al del intérprete musical, con sus acentos, sus pausas, semi-pausas. Eso se logró gracias a las constantes repeticiones.  A veces se necesitaron 48 tomas para lograr la entonación adecuada.

El ejemplo más elocuente fue el “Hi” del viejo con la gorra en el tren, pronunciado incansablemente por Mario Baschieri por la mañana, al mediodía y por la tarde hasta obtener el “Hi” que la película conserva. Charles Fitoussi asegura que cuando le preguntaron a los directores por qué pasaron tanto tiempo con esa pequeña exclamación, respondieron que el filme era “como una carrera de cien metros, donde cada instante pesaba, donde la mínima milésima de segundo contaba”.

Según Pedro Costa, los Straub cuidaban cada imagen como si su ausencia o presencia pudiera mover al mundo. Un fotograma de más o de menos representaba una lucha dialéctica, porque en el inicio de un plano o de su fin para unirlo con el siguiente se encontraba la noción de movimiento dentro del montaje, que aprendieron de los cortos de Chaplin. Consideraban fundamental la relación entre un paisaje y el ser humano, proceso que tanto admiraron en John Ford, quizá su cineasta preferido, del que más intentaron aprender.

A eso le prestaban especial atención durante el rodaje. Afirmaban que el hombre formaba parte del paisaje, y las cámaras no debían perturbar ese orden, al igual que las luces y los objetivos no debían enturbiar la visión del espectador: Para ellos, “el cine es aquello que permite romper el encantamiento por el que pensamos ver alrededor de nosotros otra cosa que lo humano, mientras que no son sino campos cultivados, árboles podados, cementerios ignorados, animales que son tal vez hombres. Viejo humanismo marxista también, en el sentido en que Brecht decía que una foto de las fábricas Krupp no nos enseñaba nada sobre las fábricas Krupp. ¿Qué falta allí? El trabajo de los hombres y los hombres en el trabajo”.

Entre lo que sucedía ante la cámara y lo que se montaba, casi no existían diferencias. Por eso, ver Sicilia, resulta tan mágico como extraño, pudiendo a veces incluso ser desalentador. El  uso del contraplano es escaso, y cuando sucede,  sorprende un poco.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 12 de julio de 2013 en Cine y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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