Un nombre pobre (III)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

TristezaMuchos imaginábamos cómo sería tu boda, pensábamos que resultaría un suceso gigantesco, todo importado; menos la iglesia, claro.

Algún día te casarías. Pretendientes no te faltaban. Ojalá yo fuera el elegido. Sabía que te caía bien, pero ese maldito nombre con apellidos tan ordinarios: Eliakim Pérez Rodríguez, era un obstáculo demasiado visible, mi vida tampoco era demasiado glamourosa, no podía invitarte a sitios elegantes, era un tipo común, sin ninguna comodidad.

En la Universidad, comentábamos cómo sería tu esposo. Imaginábamos a un tipo inteligente, prestigioso, que sólo leyera literatura de élite, escuchara música clásica, vistiera trajes y corbatas y tuviera dinero, mucho dinero. Por eso, nos asombramos tanto aquella tarde.

Un tipo te acompañaba del brazo. ¿Era tu novio? Tenía que serlo. Besó tus labios. Qué envidia. Llevaba un pantalón roto por las rodillas y hasta por las nalgas. La moda que nunca entendí. Su camisa parecía salida de una botella y estaba huérfana de mangas, tenía dos aretes feísimos y un piercing en la nariz. El cabello largo y desordenado le caía sobre los hombros. Yo había visto cosas raras, pero nada comparado con aquella escena, aunque confieso que usaba zapatos de marca, tomaba ron caro y conducía un auto, sin embargo no percibía nada elegante en sus gestos.

Cuando me lo presentaste me dijiste sonriente se llama Gabriel Galeano Lezama. Esa era la razón: su nombre.

Ya no intervenías en las clases, te ausentabas con frecuencia, sólo hablabas de rock. Eso era rarísimo en ti. Algunos días después, la noticia: Me voy a casar. Supimos que cuando tu familia conoció a tu novio, no lo aceptaron, amenazaron con botarte de la casa. A veces, llorabas en el aula.

Te casaste. Claro, tú siempre lograbas lo que deseabas. Pero fue algo pequeño en el patio de la casa. No había casi nadie de la familia. Todos tus compañeros de la Universidad estábamos allí. Los chismosos, que eran muchos, lo grababan todo. El suceso sería motivo de habladurías durante toda una semana. Yo tomé muchísimo. Cuando me iba tuve valor por primera vez en mi vida, y confesé: estoy enamorado de ti, y siempre lo estaré.

Después del casamiento, casi no sonreías, no te concentrabas en las clases, obtenías malas notas, vi varias veces a Gabriel borracho, tirado en cualquier esquina de la ciudad. El matrimonio duró apenas dos años

Tus padres, todavía sufridos, no querían tu presencia en la casa. Serías un mal ejemplo para la hermana menor. Fuiste a buscar mi hombro para llorar, y te lo di. Siempre soñé con tenerte tan cerca. Pero lo confundiste todo. Intentaste besarme. Yo no podía. Esperé demasiado por ti. Mi corazón estaba cansado. Además, también estaba lo del nombre, aunque confieso que mi mente seguía siendo tuya.

Vi tu cuerpo alejarse con delicadeza. Casi me derrumbé sobre la acera. Las rodillas aguantaron. Di la espalda y me marché.

Pasé diez años sin saber de ti. Ayer me dijeron que deambulabas por las calles de Holguín. Jamás te volviste a casar, ni fuiste la princesa que conocí.

La vida da vueltas. Pueden pasar miles de años. Sin embargo, tú sigues en mí. Aquella blusa blanca, ceñida al cuerpo, y tu melodiosa voz son los recuerdos más recurrentes en mí. Pero soy demasiado orgulloso. Tengo una vida: con esposa e hijos. A todos les puse nombres pobres. Eso no importa.

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 3 de julio de 2013 en Cuentos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. La verdad que es una historia fascinante, como siempre, pero que otra cosa se puede esperar de alguien que tenga tu talento? Besos…

  2. Roci, gracias. Estoy ansioso por verte. Un beso

  3. Precioso y bien intencionado como siempre.Muchas gracias por el buen momento de lectura.

  4. Yasel ¿Qué mas puedo decir?… Precioso… me gustó mucho esta historia. Sigue dándonos más de tu alma…

  5. Yami, muchas gracias. Un beso grande.

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