Un nombre pobre (II)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

nombre pobreEl preuniversitario fue tu otro castillo. Allí todos te conocían. El primer día todos te vieron, aunque, según comentan, la vocacional de Holguín es tan grande que uno nunca conoce a la totalidad de sus compañeros. Pero tú eras asombrosa. Parecías salida de una revista. ¿Quién no te iba a conocer?

Algunos de los muchachos del aula decían que siempre te importaron mucho los nombres para escoger a tus novios. No te importaba si era feo o agradable, higiénico o no. Lo significativo era su nombre. Jamás vi cosa igual. Al principio no lo quise creer, pero ya yo había sido víctima de eso.

La Universidad nos unía, o más bien nos ponía en la misma aula. Siempre intervenías en clases. Tus comentarios eran atinados. Me gustaba escuchar tu voz. A veces, te contradecía sólo para que supieras que yo estaba ahí.

Cuando usabas ropa nueva, presumías para que todos lo supieran. Un día llegaste con el vestido que te envió tu tía de Francia, y te paraste en el centro de la puerta, para que te vieran quienes estaban adentro y afuera del aula. Sonreías. Parecías haber descubierto cualquier medicamento importante. Te creías la más especial del mundo. Nosotros contribuíamos a eso: qué linda, eres una diosa, mereces que te hagan un monumento.

Siempre hablabas de tu fiesta de quince, aunque ya tenías 18 años. Decías que aquella celebración fue célebre en Holguín. Tuviste tres fotógrafos, dos camarógrafos, cuatro estilistas a tu disposición. Paseaste por la ciudad en dos carros descapotables. No le diste dos vueltas al parque como hacen las demás quinceañeras. Le diste seis, para que la exhibición durara más. ¡Qué exageración! Siempre tenías que resaltar.

Los muchachos comentaban que los culpables eran tus padres, pues te decían que eras la mejor, la más bella, la superinteligente. Soñaban que te casarías con algún hombre importante. Quienes visitaban tu casa salían un poco contrariados, porque allí siempre se hablaba de famosos literatos, pintores, cantantes, escultores…, el ambiente era incómodo para algunos, decían que parecía una residencia parisina, el glamour era excesivo. Unos se sentían inferiores a ti después de conocer a tu familia, de ver lo ceremonioso que resultaba cualquier actividad en tu casa, incluida la toma del té; otros se reían de lo que ellos llamaban ridiculez.

Yo escuchaba los comentarios de todos, y creo que era el único que te entendía. Seguro que el ambiente en que vivías provocaba que lo confundieras todo. Creías que la grandeza de las personas estaba condicionada por su nombre, por lo pomposo de sus hábitos. Escogías a tus novios según ese criterio.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 2 de julio de 2013 en Cuentos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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