Un nombre pobre

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Hombre pobreMaría Cristina es tu nombre. María, como María de los Ángeles Santana, María Estuardo o María Félix. Cristina, como Cristina Hoyos, Cristina Aguilera o la Fernández de Argentina. Tus familiares y amigos te llaman Mary. Los extraños, María Cristina García Barnet. ¡Qué importante son los nombres!

La lluvia bañaba las calles holguineras. El portal de la biblioteca era mi refugio. Tú llegaste de repente. Estabas húmeda. La blusa blanca, ceñida al cuerpo, dejaba ver la perfección de tus senos. Aquellas cejas negras, nariz fina como de francesa y rayitos en el pelo me desordenaban el pensamiento. Me miraste, pero de forma fugaz. Te paraste muy cerca de mí. Sentí tu perfume y un frío caliente se apoderó de mi cuerpo. 

Parecías perfecta. Entré en un campo magnético de cuya atracción no pude huir. No podía perder tiempo, entonces, un buen tema para iniciar la conversación. ¿Cuál? Tu mano izquierda sostenía un libro. Tenía que ver. Al fin lo logré: Cien años de soledad. Existía un terreno común: esa novela. La había leído hacía poco.

Me lancé sin pensarlo más. Hablamos de Macondo, la familia Buen Día, Melquíades…Todo parecía perfecto. Tanto que escampó y nos sentamos en el banco más céntrico del parque. Dialogamos sobre el Renacimiento, el Humanismo, la posmodernidad, la literatura cubana… Jamás me había sentido tan bien. Mi corazón latía con fuerza inusitada, y la mente soñaba.

Cómo te llamas.

Yo, Eliakim Pérez Rodríguez.

Qué nombre tan pobre, me dijiste.

Vi con tristeza como te paraste y te marchaste sin despedirte. Mis ojos siguieron tus pasos hasta que te perdiste en la distancia. Nunca imaginé que existieran nombres ricos o humildes.

Soñé decenas de veces con verte otra vez. Mis anhelos se hicieron realidad el primer día en la Universidad, o más bien creció mi sufrimiento. Allí estaba yo, a la puerta del asombro. Llegaste con un vestido rosado. ¡Qué belleza! Fingiste no haberme visto. Todos los varones te miramos. Eras pura divinidad.

A la profesora se le ocurrió que habláramos entre nosotros, para incrementar la confianza. Cada estudiante debía comentar de otro. Casi todos se conocían desde la primaria. A mí no me conocía nadie. Sólo tú, pero fingías que no. Allí supe que desde niña fuiste especial. Declamabas tus propias poesías desde los siete años. Dicen que profesores y padres lloraban de emoción. Te llamaban princesita y eras el orgullo de la escuela. Fuiste la reina de la secundaría básica. Cuentan que eras la única muchacha que lucía bonita con aquella falda amarilla. Las demás parecían disfrazadas. Leías a García Márquez, Carpentier, Neruda, Rubén Darío, Balzac, Lezama, Verne. No tenías preferencia literaria. Devorabas cualquier material impreso que llegara a tus manos. No eras amable con casi nadie.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 1 de julio de 2013 en Cuentos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. !qué emocionante!

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