El soliloquio de la Conversación (II)

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Juan MarinelloEl tono contra la abstracción era bastante fuerte en la época. Así, por ejemplo, los párrafos introductorios al Ensayo de Marinello expresan que es explicable que aliente todavía entre nosotros la plástica abstracta; pero no encuentra justificación que se mantenga por tiempo considerable. O la Revolución es quehacer limitado y parcial, o la Revolución engendra un arte a su nivel.1 Más adelante afirma que esa forma creativa puso a los pintores en trance a traicionar su gloria de creadores y destino de hombres.2 Las expresiones anteriores reflejan el deseo de que el arte fuera una extensión de la política, sin camuflajes.

Juan Marinello escribió en el inicio de su texto que el hecho estético de los pintores abstractos desborda sus naturales límites, convirtiéndose en un hondo problema de cultura.3Confiesa que estábamos viviendo el momento de esplendor de la abstracción en la plástica cubana. Pero luego lanza una interrogante: ¿Debemos contemplarlo sin objeción ni reparo? El tono inicial y los párrafos introductorios revelaban la respuesta que, por supuesto, no resulta sorpresiva, y constituye el hilo conductor de toda la redacción, que arremete contra los abstractos.

El autor hace comparaciones con artistas extranjeros, como los “adoctrinadores franceses de los ’80”, con la consciente y voluntariosa intención de romper con el espectador, y dice que allí está la semilla del abstraccionismo.4Añade que el abstraccionismo saca la pintura de su centro, trastoca su naturaleza y la somete a la más esterilizante servidumbre. Invertir sus términos expresivos, sujetar su radio a una proyección inasible, entenderla como testimonio de un espíritu, como aventura errabunda es traicionar el destino de la pintura.5

Habría que preguntarse quién define el destino, el verdadero objetivo artístico. Marinello escribe párrafos bastante conclusivos:

Como en las guerras de independencia, la medida de una conducta y la calidad de una obra se enfrentarán al gran anhelo común. Si nuestros pintores abstractos persisten en su aventura, serán responsables no sólo de haber desnaturalizado una gran fuerza civilizadora sino de haber trabajado contra la profunda unidad en instantes decisivos. Si, por el contrario, entienden las señales de los tiempos y funden su invención en el seno poderoso del pueblo, habrán salvado con su humanidad, su misión creadora.6

Durante la lectura de Conversación… uno a veces se detiene, levanta la cabeza y piensa cuán necesaria era aquella forma de pensar, pero también cuánto daño le hizo al arte de la época. Para Marinello, la abstracción en Cuba se debía a un “contagio externo”: un cáncer alentado por la clientela burguesa, aunquela autosugestión de los enrolados les haga ver y sostener otra cosa.7 Según el crítico, el arte tiene un sentido social sin el cual no tendría razón de ser y el “caudillo” abstraccionista vive de espaldas a todo ello, en el cruce de alucinaciones líricas que pretende convertir en normas estéticas.8

Cuando Marinello evoca la pintura mexicana contemporánea (Orozco, Siqueiros y otros) es más cuidadoso, quizá por la filiación comunista de los muralistas de México en el período. Para ellos encuentra justificación en la tradición precolombina y en los motivos geométricos de sus representaciones, y expresa, por ejemplo, que Diego Rivero cuando pinta en la Iglesia de Chapingo no ha rebajado el nivel de su arte, más bien lo ha ofrecido como continuidad entre la cultura precedente y el México de la época.

El escrito analizado se reeditó en mayo de 1960, un año antes de PM y de la reunión de Fidel Castro con los intelectuales en la Biblioteca Nacional. Algunos aseguran que quizá fue, al menos en la pintura, el primer manual de censura revolucionaria. Esas son palabras bastante fuertes. Sin embargo, sostengo el criterio de que el documento, también Palabras a los intelectuales y otros sucesos de la época pusieron demasiados frenos a la creación. Hoy algunos, como el autor del blog Juventud resilente, evocan aquellos años y aseguran que algunos intelectuales fueron obligados a emigrar hacia lugares menos injustos.

Los años `60 fueron escenario de confrontaciones. Lunes de Revolución, el nacienteICAIC y la polémica en torno al cuestionamiento de la estética idealista y hermética personificada antes en Orígenes, unido a las circunstancias del nuevo contexto, creaban un cosmos de discordia que exigía mano fuerte y aglutinamiento. Fidel lo resumió como: Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.

Habría que preguntarse si era necesario ver fantasmas en todas partes, incluida la pintura abstracta. Resulta indiscutible que cualquier análisis no puede divorciarse de las circunstancias. Deben respetarse las decisiones de quienes trataron de proteger, por encima de todo, los sentimientos patrióticos y el compromiso con el proceso revolucionario.

1 Ibídem, p. 26

2 Ibídem, p. 27

3 Ibídem

4 Juan Marinello: Conversación con nuestros pintores, p. 31.

5 Ibídem, p. 37

6 Ibídem, p. 59.

7 Ibídem, p. 30.

8 Ibídem

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 26 de junio de 2013 en De todo y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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