Adiós Santiago

Por YASEL TOLEDO GARNACHE
Se levantaron a las cinco de la mañana. El esfuerzo no importó. Ni siquiera fue esfuerzo. La promesa de una visita a Santiago entusiasmaba a todos. Algunos no necesitaron reloj despertador, celular, ni gallo que avisara. El deseo de estar en la segunda capital de Cuba después de Baracoa, villa fuerte desde aquel siglo XVI, los mantuvo despiertos durante buena parte de la madrugada.
El día comenzó con la “abreviadera”, como dice mi abuela, perfumes, ropa, maquillaje, pomitos de agua, cuchara y hasta libros para leer durante el viaje.
6:05; 6:10. La hora no preocupaba. Las guaguas casi nunca fallan para estas actividades, éxito de la Universidad de Holguín. La yutong llegó. ¡Alegría! ¡Chistes! Algunos ya se imaginaban desandando la tierra de Frank País y otros ilustres.
¡Solo pueden subir 15! , dijo alguien. ¿Cómo? Pero la lista era de 20, ripostaron. ¡Solo 15!
La razón era clara, comprensible: El otro transporte falló. Había que reajustar la cantidad de pasajeros. Bueno, la lista. ¿Qué más se podía pedir? El papel con los nombres se había perdido.
Alguien le dijo al muchacho del pulóver rojo: “Parece que las únicas listas importantes son las negras, imperdibles”. Él le contestó “no digas eso: también las verdes, ecologistas; las azules, industrialistas…” Ahí mismo lo cortó: “de qué color es la lista del viaje a Santiago”. Un silencio. ¿La respuesta? La única posible: “Ponle el que quieras, menos negro -claro”. Los presentes comprendieron la importancia de las coronas en Belleza Latina. En este caso de las tarjetas, tiques, pasajes acumulados, constancia de la cantidad de participaciones.
La gente decía bajito: “Yo he ido a 6”, “Yo a 4”, “Yo a 3”. El muchacho del pulóver rojo solo tenía dos coronas, digo, participaciones. Así fluyó todo. Varios trabajadores subieron primero. Alguien le susurró a la “decididora” que eso era incorrecto. Pero ¿cómo decirles que no podían ir después de que se levantaran tan temprano. El muchacho del pulóver y los demás lo entendieron, pero también querían un pase.
“Caminos y saberes”, iniciativa de la Universidad de Holguín, en especial del Departamento de Extensión Universitaria, se dedica, mayormente, a estudiantes. Las ruedas del proyecto han llegado hasta la casa natal de Fidel y Raúl Castro en Birán, el Museo de Historia Natural en Gibara, y a otros sitios de interés. Siempre conjuga el conocimiento con la recreación. ¡Aplausos! En verdad, excelente idea que suma cada vez más adeptos.
Vuelvo a lo del último sábado. Quienes tenían menos coronas, me confundí otra vez, tarjetas, digo, participaciones, participaciones, ¡participaciones!, estaban abajo, y allí se quedaron.
Alguien con evidente tristeza le dijo al muchacho del pulóver rojo “¡Ay, yo quiero ir! El joven la miró, y le dijo: “Todos”. Ella ripostó: “¿Pero por qué van los muchachos de Santiago, que viven allí, que han desandado el casco histórico de aquella ciudad decenas de veces, que seguro han ido a El Morro, al Museo Bacardí, a El Cobre. Yo no, yo nunca he ido a Santiago”. El del pulóver le contestó “lo siento, niña, tienes menos coronas”. Al final, solo se quedaron siete estudiantes, que esperaron hasta el último momento, cinco de ellos estaban en la lista de días anteriores, en la que se perdió. Otros más se retiraron desde el principio, porque la exigencia de la selección y la poca cantidad de coronas en sus vitrinas los dejaban sin su pase a Santiago. No todo el mundo puede ser Bárbara Turbay. Supongamos que Marisela no ganó “Nuestra Belleza Latina”, pues pocos están de acuerdo con el resultado, al menos en la residencia estudiantil.
Resumo: Se quedaron estudiantes que estaban en la lista previa, quienes se levantaron a las cinco de la mañana. Varios infortunados no conocen a Santiago mientras que otros con residencia en esa ciudad o municipios cercanos montaron a la guagua. Fueron demasiados trabajadores. Es cierto. Ellos también merecían ir. La otra yutong no debió fallar, aunque no dudamos del esfuerzo de directivos.
Ya todo terminó. Algunos se acostaron cundo regresaron a la beca. Uno quiso ver “Sicilia”, película complicada de Elio Vittorini, sin edición tan atractiva, pero tampoco pudo. Leyó “Charada”, de Lisandro Otero. Ahora se acuesta bocarriba. Piensa en Santiago, en El Cobre, en el Museo Bacardí, en El Morro, en la guagua, en las coronas… Cierra los ojos. Ojalá cuando despierte sean las cinco de la mañana.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 21 de mayo de 2013 en Crónicas y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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