Sombras en la salud de José Martí

Por Yasel Toledo Garnache

José Martí

José Martí también luchó contra enfermedades.

 

Una existencia azarosa, llena de aventuras, no fue suficiente. El destino le presagió momentos de angustia. Solo 42 años le arrebató a la vida. Padecimientos de diferentes tipos convivieron junto a él como enemigos que, en ocasiones, lo privaron de viajes y conferencias políticas, pero no mellaron su voluntad y consagración a la causa revolucionaria.
Mucho se habla de la vida de José Martí y su talla universal. Sin embargo, algunos desconocen sus problemas de salud.
En el bienestar del ser humano influye el equilibrio entre él, la familia y la sociedad en que vive. El Apóstol no gozaba, en verdad, de armonía espiritual. Recibía incomprensiones de su padre y otros familiares, también sufría como suyo el dolor ajeno. La Patria era pisoteada por el dominio español. La situación se tornaba intolerable. El adolescente buscaba caminos para la denuncia. Los pensamientos e ideas independentistas le rebotaban en la cabeza, en el alma. Era demasiado. La palabra escrita fue el primer medio de lucha.

Su padre, Don Mariano Martí y Navarro, le prohibió redactar artículos de crítica a la colonia; sin embargo, su pluma jamás se calló: juzgó, criticó… al dominio extranjero, y enalteció al patriotismo.
Calificó a su amigo Carlos de Castro y de Castro como apóstata por incorporarse al ejército español y fue condenado a seis años de prisión en las
Canteras de San Lázaro. Allí adquirió enfermedades que lo acompañaron durante el resto de su existencia.
El Maestro sufrió en aquel infierno de las
Canteras: le cortaron el cabello y le colocaron grilletes, una gruesa cadena rodeaba su cintura. Con esa indumentaria todos los días, a las 4.30 a.m., partía al trabajo, arrastraba grilletes y cadenas por un pedregoso camino; excavaba y desbarataba piedras a golpe de pico.
Allí sufrió lesiones en los tobillos, sangraba y tenía infecciones por el polvo y el fango. ¡Ah, el presidio! “Dolor infinito debía ser el nombre de estas páginas”, escribió en España, después del indulto que le consiguiese su padre, quien lloró abrazado a su pierna casi desecha. ¡Día amargo ese!
Desde los 16 años sufrió afecciones graves en los ojos y llagas en el pie y la cadera que le provocaron pérdida de tejidos y mucho dolor.
El 15 de enero de 1871 lo desterraron a España, donde visitó a un médico y le diagnosticaron
sarcoidosis, enfermedad que ocasiona alteraciones respiratorias y otros males.
Según Rodríguez Émbill, en la capital española también padecía de adenopatías inguinales, fiebre, dolores que le impedían caminar y metalosis, afección producida por la descomposición del hierro en la sangre.
Lo operaron varias veces de un tumor a nivel de testículo, o sea, del sarcocele de tipo quístico con amplio contenido de líquido. No resultó. Su salud empeoró de forma alarmante. La herida lo hacía palidecer; el incesante dolor le dificultaba caminar y tuvo que guardar cama y someterse a otra intervención quirúrgica, pero sin los resultados esperados. Vinieron instantes de íntima congoja.
Se le puncionaba el testículo y disminuía así el tamaño del tumor, mejoraban los síntomas y signos clínicos por un tiempo, sin embargo, empeoraba y era necesario intervenirlo otra vez.
Era tan malo el estado de salud de Pepe, como lo llamaban sus amigos, que Fermín Valdés -con sus incipientes conocimientos de Medicina- consideraba que estaba condenado a muerte:

(…) lo creía incurable. Pero había llegado yo y ya él no se moriría. Pronto cambió de aspecto mi hermano. Ya en habitaciones amplias y con médico acreditado había elementos para hacerle la guerra a la muerte y vencerla”.
Según lo expuesto hasta aquí, la sarcoidosis fue la enfermedad que más lo afectó, pero no la única, aunque muchas son derivadas de esa. Martí sufrió también alteraciones pulmonares, así lo demuestra la carta a Gonzalo de Quesada: “ya me desvaneceré pronto y no les daré tanto que hacer. Llevo un pulmón encendido y como desnudo”.
A lo anterior se añaden alteraciones del hígado, lo cual se evidencia en la misiva a José Dolores Poyo: “…no piense en mi enfermedad. A la bilis habrá que temer, pero ya tengo mi retorta en el corazón y allí endulzo lo amargo”. También refiere: “…aquí me quedo clavado a mi roca, viendo cómo se me caen los pedazos de hígado”.
Padeció también afectaciones a su sistema nervioso, pues en un escrito a Manuel Mercado expresa: “…a usted le contaría yo, seguro de que no se reiría de mí, las morideras que me tienen tan silencioso y suelen parar en enfermedad que un médico cura con píldoras y otro con purgas”.
Poco se cuidó Martí de sus males. La costumbre de trabajar en las madrugadas se intensificó en los últimos años y su epistolario, en 1895, muestra lo poco que descansaba. Enrique Collazo lo dijo: “dormía poco, comía menos y se moría mucho; y sin embargo el tiempo le era corto, de noche no dormía, sino viajaba”.

 

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 17 de mayo de 2013 en Personalidades y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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