Posible cuna de la poesía (I)

Yasel Toledo

Mi poesía es ingenua. No gana concursos, pero alegra a novias y amigas.

Un día, los hombres descubrirán un alfabeto en los ojos de las calcedonias, en los pardos terciopelos de la falena, y entonces se sabrá con asombro que cada caracol manchado era, desde siempre, un poema. (1)

¿Cómo saber donde se encontró primero la poesía? En los objetos primitivos del inicio del mundo, en el Universo, en los ojos de quien miraba por primera vez (mirada virgen sobre objetos jamás tocados por otras miradas). Después de tanto éxtasis, ante toda esa belleza, el ser humano tuvo que pujar y parir las palabras, porque no se podía quedar con tanto sentir dentro, pudiendo morir de no haberlo hecho o haber vivido en una eterna angustia si no lograba sacar de su pecho lo que el mundo externo le proporcionaba: tenía que inventar rugidos, gritos, reacciones ante lo maravilloso y exótico.  Eso se transformó en  palabras que con el tiempo tuvieron una forma escritural.

Desde entonces, el Hombre expresa su admiración por todo, y lleva a expresiones los primitivos rugidos, luego escribe para dejar constancia y testimonio: un legado mediante el cual, las personas de otra generación conocen aspectos de sus antecesores y buscan el origen, aunque existen mundos poco conocidos, guardados en sus mentes y transmitidos de generación a generación, sin saber dónde comenzó ni ¿quién o qué? depositó en sus complejos  neuronales lo que llamamos inteligencia.

¿Quién puso dentro del ser humano tanto para llegar a la poesía macrocósmica o a la poesía microcósmica? ¿Qué es la ciencia microscópica si no poesía a nivel de átomos,  enlaces iónicos y covalentes que nos llevan hasta donde tiene primacía el espermatozoide, el óvulo y la  abismal dimensión de su origen?

Toda la nanotecnología está llena del  exquisito verso que admiró el primer Hombre, pero ahora, valiéndose de microscopios electrónicos, hace danzar lo infinitamente pequeño del mundo biotecnológico a su antojo.

Puede ser que de tanto Universo ante sus ojos, le diera por traerse las estrellas a sus manos, o soñara con poner su pie encima de ellas, como algún día habría de recordarle el salmo bíblico, cuando ese hombre al fin hubiera sido el escribano de libros superiores a los conocidos hasta ese momento, donde un algo invisible se convertía en dador de suprema inteligencia y sabiduría espiritual.

A lo largo y ancho de la geografía terrestre todas las civilizaciones dejaron en la piedra, en la arcilla, en el papiro, lo que sus antiguos dioses les “hacían llegar” como sapiencia espiritual ¿era o no poesía el hacerle llegar al espíritu e intelecto del Hombre tanta sabiduría? No era, es y será siempre un  gigantesco acto de amor.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 13 de mayo de 2013 en Poesía y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. yo voy a ver a cúales son las nivias de las que hablas

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