Borges y el arquetipo del poema (al sur una biblioteca)

Por Navegantes

Barco de poesía y creación.

Barco de poesía y creación.

El barco ebrio se dirige al sur. A la Argentina de tangos y mates, del futbol de Maradona y la poesía de Alejandra Pizarnik. A la tierra de Jorge Luis Borges.
Borges (1899-1986) fue un “tipo difícil”. Y quizá por eso esté entre mis escritores de cabecera, por aquello de que lo complejo es siempre reconfortante (según un escritor cubano). Y porque también me gusta el sur, la Argentina, y la sutil metafísica de su obra.
Difícil y polémico, se ha ganado la admiración de muchos y el respeto del resto. Para muchos (investigadores, críticos, escritores y amigos poetas) Borges es parte de la triada de los escritores más influyentes del siglo XIX, junto a Proust y Joyce.
Otros agregan a Kafka, pero Borges se mantiene inalterable, jactándose de que no leería El Quijote en español y cuando por fin llegó a sus manos, en inglés, no le pareció la gran cosa. O de que trascendería sin jamás escribir una novela. Y así lo hizo. Basta entonces para la inmortalidad sus relatos recogidos en El Aleph y Ficciones, o la poesía y los ensayos.
Borges creó mundos, universos paralelos, ciudades mágicas, paraísos perdidos y vedados a los hombres, civilizaciones, lenguas, mitos… ese es el escritor fantástico y metafísico. Pero subyace también el Borges de los llanos argentinos, del mate fuerte y cargado, las pampas… siempre con un acento grecolatino, escandinavo, igual que el sueño que se dispersa como agua en el agua…
Una paradoja, me decía un amigo, Borges escribió de la belleza, pero ciego tempranamente la disfrutó poco. Nunca deslumbró los rasgos divinos de su esposa y discípula María Kodama, con quien se casó ya anciano. Y aclaro, Roberto Fernández Retamar quedó extasiado con ella, cuando fue a pedirle a Borges, casi en tono suplicante, que dejara que su obra se publicara en Cuba. Porque aclaro, aquí se leía a hurtadillas, escondidos tras forros de papel con el título de la última novela soviética. El pecado, Borges siempre fue un fuerte anticomunista y recibió de manos de Pinochet (“ensangrentadas”, siempre dicen los medios al referirse a esto) un premio literario chileno. También debido a su oposición al peronismo argentino prefirió las Malvinas para Inglaterra. Así son las cosas, Borges tampoco tuvo el Nobel. Vivió como anticuario en una biblioteca, rodeado de leyendas y lenguas muertas, de historias casi palpables y mágicas. Hay escritores de vida y otros de bibliotecas, me dijo una narradora amiga, y Borges sin dudas fue de estos últimos. Pero quien duda o cuestiona que el realmente no estuvo entre vikingos, en Babilonia, en el jardín de los senderos que se bifurcan, examinando la escritura de Dios entre ruinas circulares…
En Argentina con la frente marchita un tango cantaba Gardel y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud. Así dice Sabina en uno de sus temas más conocidos. Sí, porque Borges es en parte la literatura, el resto después lo discutimos. Aquí van, firmes frente al timonel del barco ebrio, algunos de sus poemas, y al final, para quienes hayan visto el corto cubano Utopía y un poco a manera de divertimento, el poema El Golem. Recuerden en el corto cuando Yesica, la niña en una escuela de educación especial, grita eufórica frente al maestro aquellos versos de Borges…porque el nombre es el arquetipo de la cosa… y aun quedan muchas utopías. Borges para muchos es una de ellas.
El laberinto
Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolado.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
éste el último día de la espera.

El oro de los tigres
Hasta la hora del ocaso amarillo
Cuántas veces habré mirado
Al poderoso tigre de Bengala
Ir y venir por el predestinado camino
Detrás de los barrotes de hierro,
Sin sospechar que eran su cárcel.
Después vendrían otros tigres,
El tigre de fuego de Blake;
Después vendrían otros oros,
El metal amoroso que era Zeus,
El anillo que cada nueve noches…
Engendra nueve anillos y éstos, nueve,
Y no hay un fin.
Con los años fueron dejándome
Los otros hermosos colores
Y ahora sólo me quedan
La vaga luz, la inextricable sombra
Y el oro del principio.
Oh ponientes, oh tigres, oh fulgores
Del mito y de la épica,
Oh un oro más precioso, tu cabello
Que ansían estas manos.
East Lansing, 1972.

Los enigmas
Yo que soy el que ahora está cantando
Seré mañana el misterioso, el muerto,
El morador de un mágico y desierto
Orbe sin antes ni después ni cuándo.
Así afirma la mística. Me creo
Indigno del Infierno o de la Gloria,
Pero nada predigo. Nuestra historia
Cambia como las formas de Proteo.
¿Qué errante laberinto, qué blancura
Ciega de resplandor será mi suerte,
Cuando me entregue el fin de esta aventura
La curiosa experiencia de la muerte?
Quiero beber su cristalino Olvido,
Ser para siempre; pero no haber sido.

Al vino
En el bronce de Homero resplandece tu nombre,
Negro vino que alegras el corazón del hombre.
Siglos de siglos hace que vas de mano en mano
Desde el ritón del griego al cuerno del germano.
En la aurora ya estabas. A las generaciones
Les diste en el camino tu fuego y tus leones.
Junto a aquel otro río de noches y de días
Corre el tuyo que aclaman amigos y alegrías,
Vino que como un Éufrates patriarcal y profundo
Vas fluyendo a lo largo de la historia del mundo.
En tu cristal que vive nuestros ojos han visto
Una roja metáfora de la sangre de Cristo.
En las arrebatadas estrofas del sufí
Eres la cimitarra, la rosa y el rubí.
Que otros en tu Leteo beban un triste olvido;
Yo busco en ti las fiestas del fervor compartido.
Sésamo con el cual antiguas noches abro
Y en la dura tiniebla, dádiva y candelabro.
Vino del mutuo amor o la roja pelea,
Alguna vez te llamaré. Que así sea.

El Golem

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.
Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.
Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.
Los artificios y el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.
No a la manera de otras que una vaga
Sombra insinúan en la vaga historia,
Aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era rabino en Praga.
Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
Y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.
La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.
El simulacro alzó los soñolientos
Párpados y vio formas y colores
Que no entendió, perdidos en rumores
Y ensayó temerosos movimientos.
Gradualmente se vio (como nosotros)
Aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.
(El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
En un docto lugar de su volumen.)
El rabí le explicaba el universo
“Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga.”
Y logró, al cabo de años, que el perverso
Barriera bien o mal la sinagoga.
Tal vez hubo un error en la grafía
O en la articulación del Sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
No aprendió a hablar el aprendiz de hombre,
Sus ojos, menos de hombre que de perro
Y harto menos de perro que de cosa,
Seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.
Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
Ya que a su paso el gato del rabino
Se escondía. (Ese gato no está en Scholem
Pero, a través del tiempo, lo adivino.)
Elevando a su Dios manos filiales,
Las devociones de su Dios copiaba
O, estúpido y sonriente, se ahuecaba
En cóncavas zalemas orientales.
El rabí lo miraba con ternura
Y con algún horror. ¿Como (se dijo)
Pude engendrar este penoso hijo
Y la inacción dejé, que es la cordura?
Por qué di en agregar a la infinita
Serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
Madeja que en lo eterno se devana,
Di otra causa, otro efecto y otra cuita?
En la hora de angustia y de luz vaga,
En su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?
1958

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 18 de abril de 2013 en Poesía y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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