Recuerdos de un cañonazo

Por YASEL TOLEDO GARNACHE
Ceremonia del cañonazo, 9 noche La HabanaUn amigo de la Universidad de La Habana me dijo que estaba como el cañonazo de las nueve. Sonreí y asentí con la cabeza –lo normal cuando no entiendo algo, ni deseo hacer el ridículo.
Esa misma noche un matancero y cinco holguineros, de visita en la capital del país, salimos hacia la Fortaleza de la Cabaña. No nos importarían posibles regaños. El Primer Encuentro Nacional de Estudiantes de Comunicación Social, Periodismo y Ciencias de la Información era también la posibilidad de sentir el palpitar de las calles habaneras, su bullicio o soledad, el olor añejo de las construcciones, el enrejado tupido de barandas o su ausencia y el trasiego apurado de caminantes. Desandar lugares desconocidos en la noche puede transmitir el raro encanto del nerviosismo, la adrenalina en las mareas mismas del pecho y la satisfacción de saber que hacemos algo distinto a lo de todos los días. El motivo, uno grande y monumental: ver un cañonazo y una edificación, vencedoras del olvido.
Tomamos cierta guagua: un P algo. Las ventanillas estaban sucias, por todas partes decía amor, Carlos y Liliana, u otras tantas expresiones que mostraban las pasiones de enamorados. A lo lejos se escuchaba sin nitidez una emisora. Se oía como un largo disparo bajo el agua. Las luces pálidas atravesaban las avenidas. Las altas construcciones simulaban una capital de gigantes. Llegamos a un lugar tristemente iluminado.
En todo grupo, alguien sabe más que los demás o finge hacerlo, el nuestro no era la excepción. El matancero, líder temporal, decía que por ese camino llegaríamos más rápido. Nosotros confiábamos. Eran las 8: 25.
Sabíamos que el cañonazo reúne a cientos de turistas –también a universitarios de visita en la capital-, y es ejecutado por jóvenes del Servicio Militar, vestidos con uniformes similares a los utilizados por el cuerpo de oficiales y soldados durante el reinado de Carlos III, quien mandó a construir el lugar, convertido entonces en la mayor fortificación militar de España en América.
Seguíamos con tremendo apuro. Ya veíamos la edificación, y ansiábamos adentrarnos en sus entrañas.
El matancero explicaba que desde la época de la colonia los cañonazos influían organización social de la población habanera. Era también una señal para que los novios de ventana se acercaran a los cuartos de sus parejas, otros se apresuraban para llegar a los teatros. Y agregaba que sus horarios habituales eran las seis de la mañana y las ocho de la noche. Pero la tradición cambió en 1902 cuando se eliminó el primer disparo, y el nocturno se pasó para las nueve.
También decía que el cambio de hora del cañonazo provocó la inasistencia a espectáculos con regularidad, hasta se comía más tarde en La Habana, y los niños se acostaban una hora después de lo acostumbrado.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 9 de abril de 2013 en Vivencias y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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