El barco ebrio:Vallejo entre lo triste americano y un boulevard de París

Por navegantes

La vida puede ser también un barco, con los peligros del mar, el arrojo de marineros y el deseo de llegar a tierra firme, estabilidad, tranquilidad. Quienes aman las aventuras literarias, y desean navegar entre versos y prosas, pueden montar a este barco ebrio de creación, al menos eso pretendemos. Dos amigos, enamorados de autores de antaño y contemporáneos, tomamos el timón en este inicio. Queremos que muchos se sumen. La proa apuntará a cualquier lugar, a cualquier escritor con suficiente calidad. La fama puede trazar la ruta, empero no siempre. Poemas inmensos están presos en páginas olvidadas que deseamos revivir. La cita es cada jueves.

Llega a este barco César Vallejo. Y la travesía es dura, cargada de tropiezos y mareas altas que amenazan con naufragar la embarcación. Para suerte de Vallejo y nuestra, todavía quedan muchas Islas para salvarse. Aunque sea un barco ebrio como este.

Vallejo es nuestro primer latinoamericano, antes tomó el timonel Bucoswki y Baudelaire. Ahora respiramos un poco de aire andino, del Perú, donde nació en 1982. Murió en París con aguacero, en un día de 1938 del cual tengo ya el recuerdo. Esta predicción de muerte sea quizá uno de sus versos más conocidos, porque en realidad él murió así, en la ciudad luz, bajo la lluvia. Tal como quiso. Otros recuerdan aquello de yo nací un día que Dios estuvo enfermo, o sus heraldos negros, causantes de los golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.

Su poesía está en la memoria de muchos, en versos robados, en exergos y citas… alguien nos habló una vez sobre el periodismo de Vallejo. Fue, nos atrevemos a decirlo, uno de los poetas del siglo XX americano que más influyó en el ideario poético del continente. Y lo sigue haciendo. Según un crítico Vallejo es “el más grande poeta universal después de Dante”, halago que confirma el enorme legado del poeta del “dolor humano”.

Aquí algunos de sus poemas más conocidos, tomados de la edición cubana De sangre a flor. Porque Vallejo tenía mucho de sangre, de indio rebelde, de dolor… pero cada verso es una flor, una flor blanca que grita a grandes voces. Grita para que todos le escuchen. Le escuchamos. Ebrios en alta mar.

Nómina de huesos

Se pedía a grandes voces:

Que muestre las dos manos a la vez.

Y esto no fue posible.

Que, mientras llora, le tomen la medida de sus pasos.

Y esto no fue posible.

Que piense un pensamiento idéntico, en el tiempo en que un cero permanece inútil.

Y esto no fue posible.

Que haga una locura.

Y esto no fue posible.

Que entre él y otro hombre semejante a él, se interponga una muchedumbre de hombres como él.

Y esto no fue posible.

Que le comparen consigo mismo.

Y esto no fue posible.

Que le llamen, en fin, por su nombre.

Y esto no fue posible.

Espergesia

Yo nací un día

que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,

que soy malo; y no saben

del diciembre de ese enero.

Pues yo nací un día

que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío

en mi aire metafísico

que nadie ha de palpar:

el claustro de un silencio

que habló a flor de fuego.

Yo nací un día

que Dios estuvo enfermo.

Piedra negra sobre una pierda blanca

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París… y no me corro…

Tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso

estos versos, los húmeros me he puesto

a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,

con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban

todos sin que él les haga nada;

le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos

los días jueves y los huesos húmeros,

la soledad, la lluvia, los caminos…

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé !

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos

quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos,

como

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido

se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

El barco ebrio sigue en el mar. El nuevo puerto nos espera la próxima semana. Aceptamos colaboraciones a los correos:

erian-pena

yasel-toledo.

     
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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 28 de marzo de 2013 en De todo y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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