José Martí: La eternidad del ejemplo

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

quijoteNace un 28 de enero de la gris colonia, y con su ejemplo ilumina a las generaciones futuras. En la iglesia El ángel creador lo bautizan con el nombre de José Julián Martí Pérez, pero sus familiares y amigos lo llaman siempre Pepe.

Es un niño menudo, triste, sin recursos económicos, descendiente de extranjeros y maltratado por su padre.

Mariano, le prohíbe escribir artículos de crítica a la colonia; sin embargo,  su pluma jamás se calla, juzga, critica y enaltece al patriotismo.

Califica a su amigo Carlos de Castro y de Castro como traidor por incorporarse al ejército español y es condenado a seis años de prisión en las Canteras de San Lázaro. Allí, los grilletes, el sol y el fango le mellan la salud, aunque no su valor y convicción. A las cuatro y media de la mañana, comienza a trabajar y arrastra cadenas y grilletes por un pedregoso camino, excava y desbarata piedras a golpe de pico durante doce horas.

Desterrado, en España, lo operan varias veces, pues sufre sarcoidosis y frecuentes desmayos, pero jamás se rinde y a las enfermedades la guerra le gana.

Cada cierto tiempo, da vueltas al anillo del dedo índice izquierdo, mira la inscripción en él (Cuba) y un torbellino se agita en su interior, como la borrasca que afuera arreciaba, durante el crudo invierno de 1889.

Su mente no descansa: es un volcán en ebullición que en vez de lava arroja luz. Le preocupa lo que allá en Washington se trama a espaldas de los pueblos de América. La necesidad de desahogo es inevitable. Toma papel y pluma y deja su mente al libre albedrío.

Viste de negro y el anillo, forjado con el grillete que llevó en las Canteras, es recuerdo omnipresente de la opresión que se cierne sobre su Patria.

El frío de estar en una nación extranjera le penetra el tobillo como daga de hielo y le recuerda el presidio. ¡Ah, el presidio! “Dolor infinito debía ser el nombre de estás páginas” escribió en España, después del indulto que le consiguiese su padre, quién lloró abrazado a su pierna casi desecha. ¡Día amargo ese!

El destierro, esa muerte en vida,  lo aleja otra vez de La Habana, donde lo califican de loco peligroso.

Es 1889 y recuerda a su Ismaelillo. En ese momento, Martí es un hombre alejado de su hijo y el rigor del destierro lo asfixia como una mano que le aprisiona el cuello. Como consuelo y talismán quedan esos versos en los que como nunca antes un padre busca refugio.

Sobre sus hombros todo el peso de una época, la posibilidad de otro destino para su Isla y América.

No defrauda y, en 1892, crea el periódico Patria y el Partido Revolucionario Cubano; aúna voluntades para iniciar una nueva etapa de lucha independentista en esta, su patria chica.

El 19 de mayo de 1895, se lanza al campo de batalla, recibe un tiro y su corazón deja de latir. El poeta nicaragüense Rubén Darío, cuando se enteró, dijo: ¿Qué has hecho maestro?

¿Qué hizo Martí?

Martí nos legó escritos de profundo sentimiento humano y enseñanzas hasta la infinitud de los días, demostró que no temía a la lucha armada e inmortalizó su nombre en las imborrables páginas de la historia. Hoy vive en los hombres dignos de Cuba y el mundo.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 25 de enero de 2013 en Crónicas y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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