Maestras y maestros

Por YASEL TOLEDO GARNACHE

Casi es 22 de diciembre, y recuerdo a todos mis maestros, desde los primeros pasos escolares hasta la Universidad. Algunos me agradan más que otros. [more]

La China que se disfrazaba de payasa y con su nariz roja y pintoretes en la cara nos hacía reír a todos. De cada juguete, o crayola hacía un cuento, y con el cuento nos enseñaba un bien, en esa edad en que bueno y malo, bonito y feo, distante y cercano… son los únicos calificativos reconocibles.

Mi maestra la China, en aquel salón del Círculo Infantil Sonrisas al Mundo, en Media Luna, lidiaba todas las mañanas con el llanto de los que no querían quedarse, con el miedo de los que aún se orinaban en los asientos, con las dudas, los sacos de dudas que comenzaban siempre con un “por qué”.

Aún recuerdo la dulzura de su voz, el tono preciso para leernos castillos y princesas, aventuras y héroes.

Luego llegó la escuela primaria. Allí la profe Amparo irradiaba amor. Ella nos enseñó a leer, a multiplicar y hablaba como una hermana grande que nos deseaba el bien. Después, educó a mi hermana; antes encaminó a otros primos, y así, en una sucesión de generaciones la recordamos felices, a la puerta del primer asombro.

Después apareció Hernán, quien parecía serio y malo, pero se convirtió en amigo que jugaba pelota y nos enseñaba que podíamos vencer a las Matemáticas.

En la secundaria, las maestras Lucía y Chely agarraban la campana de La Demajagua y la doblaban con desenfreno hasta que todos estábamos listos para partir al combate con Carlos Manuel de Céspedes, el patriota bayamés.

Las profes Lucía y Chely, una con el cuerpo grueso y la otra menuda, pero ambas con voz de madres, que nos llenaban la mochila para el preuniversitario y mucho más allá.

Intransigentes con la disciplina, de risitas pícaras, rectas en sus decisiones. Contaban y cantaban nuestras glorias pasadas, porque “la historia –decían- hay que enseñarla como los abuelos narran un cuento viejo, si no jamás enamora”.

En el preuniversitario, Adita nos deslumbró con un sentido hidalgo de la ética y la responsabilidad. Nos entrenaba para los concursos, diseñaba pruebas creativas, poéticas y dibujaba, como una tenaz labriega, los surcos para sembrar los saberes.
La Universidad nos abrió las puertas. Allí estaba la profe Petra, amable y exigente, con sus curiosidades y belleza en el lenguaje.
Mirtha, rostro de la constancia y el tacto para tomar de la mano a los bisoños estudiantes de Periodismo de mi grupo y conducirlos por el camino de la Filosofía. Gentil a un tiempo, sentimental siempre, propiciando el trabajo en equipo, “porque esta muchachos no es una carrera de lobos solitarios”.
Orlando, personaje singular y excelso en la redacción, exigía el máximo de nosotros, porque “para ser buenos profesionales deben aspirar a la perfección”.

La China, Amparo, Hernán, Chely, Lucía, Adita, Petra, Mirtha, Orlando… son indispensables en cualquier compilación de mis deudas, como muchos otros que llevo en el corazón. Todos son buenos educadores, amantes del magisterio.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 21 de diciembre de 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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