Media Luna, de vida y montañas

Por Yasel Toledo Garnache

Pasadas las dos de la mañana, Media Luna, en Granma, es un poblado fantasma, y pasadas las dos de la tarde también. Es el municipio del central que ya no es, del parque solitario, del mar y las montañas. Sus callejuelas empolvadas muestran cierta soledad.

Algunos sueños se hacen reales, nacen sitios recreativos, se reparan inmuebles y la dibujada algarabía adorna el ambiente. Ahora hay piscina, cremería, Casa de la Cultura reparada, pista de baile en construcción y cientos de planes para aumentar el disfrute del pueblo.

La sombra de los parques es uno de sus mayores encantos, solo comparable con la belleza de las mujeres y la tradición. Esos edenes, con bancos y árboles, son escenarios ideales para improvisar piropos y arriesgarse en el amor, lugares públicamente privados que esconden besos adolescentes y juramentos de pasión.

Algunas medialuneras, bellas como son, salen en puntillas de pies, como Alicia Alonso, para, lejos de la vista de sus padres, convertirse en princesitas furtivas que reciben besos y caricias en el mundo de los parques.

Media Luna, aunque casi no se diga, también tiene glorieta. Tal vez, no tan elegante, como la de Manzanillo, pero muy bella. Se levanta, con aires de historia a su alrededor, allí están las imágenes de Celia Sánchez, Raúl Podio, Juan Vitalio, próceres de esa tierra.

La playa no tiene arena tan fina, ni blanca, pero el paisaje es hermoso. Se ven botes viejos y navegantes arriesgados. Quizás algún pescador se llame Santiago, no sé. De todas formas, es casi imposible que uno haya cogido un pez aguja gigante, como en la noveleta de Hemingway.

Hay gente picaresca en aquel costero municipio: cantantes sin voz, lectores sin libros, un Juan Candela local.

El municipio tiene ese raro encanto de unir las brisas del mar y el aire de las lomas, la tradición y la contemporaneidad. Casas antiguas se conjugan con otras modernas.

La música de órgano corre libre cada tarde, de jueves a domingo. Decenas de personas se contagian con el ritmo y disfrutan en compañía de amigos.

Existen mujeres secas, sí, es cierto, pero también otras muy buenas. Algunos poetas, sin brevedad, dicen frases nerudianas ante la belleza de ciertas flores locales. Y en verdad a veces es difícil contenerse.

Lo más hermoso de Media Luna es su centro, que, como dijera el poeta local Andrés Conde, “no está en jardines, ni en los barrios de Pueblo Nuevo, Maceo o el Carmen”. El centro está en su gente, en el amor a la Patria y a la vida, que es lo mismo.

Acerca de Yasel Toledo Garnache

Subdirector editorial de la Agencia Cubana de Noticias. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. E-mail:yasegarnache@gmail.com

Publicado el 6 de julio de 2012 en Crónicas y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Parece un lugar hermoso. Me encantaría que me invitaras a Media Luna.

  2. Creo que la bellesa de la glorieta aumentara si seretomoara su estructura anterior , cdo en 1997 todabía en su centro existía una fuente de agua que brotaba rodeandola de agua

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