Pensar críticamente o ser un provocador

Por Erian Peña Pupo (erian-pena@fh.uho.edu.cu), colega de la Universidad de Holguín

Mucho se habla últimamente en esta ciudad de crítica de cine. Se discute y polemiza tanto del audiovisual cubano que podría llenar varias páginas con mis impresiones de la I Jornada de la Crítica Cinematográfica Joven que, bajo el tema Teoría y praxis del cine. Tendencias y estrategias de producción, sesionó de manera paralela a la X edición del Festival Por Primera vez.

Me parece acertada la idea de unir ambas actividades, así cada una aprovecha los beneficios de la otra, y también los recursos a manera de retroalimentación intelectual y material. En Holguín, “una polis cultural”, como escribió hace poco una amiga, la crítica de cine está bastante alejada de los medios, al menos de la prensa escrita y “diarista”, salvo algunas excepciones en programas de la televisión local. Aunque en los años 80 y 90 aparecían, en aquel taller renacentista que fue la revista Ámbito, frecuentes colaboraciones con críticas de lo mejor de la producción nacional e internacional. Pero esos son tiempos pasados, aunque es preferible ser optimista: ningún tiempo pasado fue mejor, decía, en el medioevo, el poeta español Jorge Manrique.

La crítica holguinera necesita oxigenación y llegar a un público más amplio que consume audiovisuales. No bastan las revistas de alcance nacional, leídas solo por un reducido grupo de personas, los programas de televisión donde se ejerce un “criterio democratizado”, ni los casi inalcanzables espacios digitales. Es cuestión de estrategia propia, de crear estructuras y consolidar mecanismos de difusión. El crítico es un provocador, un recreador de gustos estéticos para hacer pensar, no para imponer su opinión, aunque a muchas personas no les interese saber quien es Fellini, Bergman o Gutiérrez Alea.

En Holguín se hacen intentos por socializar el análisis y el debate, encabezados por la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Espacios como Sin urna de cristal, La mirada de Ulises y La cámara azul, de las Romerías de Mayo, o secciones en programas radiales como La hora de los cabezones y Café Milenio, aunque meritorios, resultan insuficientes.

Otro aspecto positivo del encuentro son los conversatorios con críticos y realizadores de la talla de Juan Antonio García Borrero y Gustavo Arcos, o más jóvenes como Karel Ducasse, Alcides Pereda y Rolando Leyva, aunque debe tenerse en cuenta que cada espacio tiene su duración y en ocasiones el público se queda con las preguntas bajo la mesa. Le falta al encuentro planificación. Buscar alternativas para que las presentaciones en el café Tres Lucías, por ejemplo, se realicen en el momento adecuado, y el público no quede de pie ante las pocas mesas del local, como ocurrió en la presentación del libro Cine Cubano. La Pupila insomne, de García Borrero.

Otra cuestión importante es el público. Los conversatorios en el patio de la UNEAC no sobrepasaban los veinte espectadores, mayormente estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) y profesionales de los medios. Propongo llevar la crítica y el cine a las calles, al bulevar; alejarlos de los espacios cerrados. No todo el mundo llega a la casona de los Escritores y Artistas. Compartir con transeúntes, debatir e intercambiar, es la mejor manera de evolución. Analizar los aspectos negativos – y positivos, por qué no – de materiales de alcance mayoritario, pues las tecnologías han creado un nuevo espectador, que no necesita ir al cine y ve, desde su casa, cualquier producción. Llevar, también, a los invitados a las universidades, escuelas, y al propio ISA.

Aunque el Centro Provincial de Cine estuvo entre los patrocinadores de las actividades, no encontré en ningún lugar la vinculación que debe existir entre el evento y cines de la ciudad. Parece que la pequeña Sala Caracol de la UNEAC mostró todas las obras en concurso y solo el Cine Martí acogió el documental Vivir el festival, del círculo de interés Voces del Audiovisual en Gibara, pues Juan de los muertos, de Alejandro Brugues, estaba programada como estreno nacional en el cine Ismaelillo. Faltó, sencillamente, una parrilla especial.

La hojarasca no esconde los frutos de la Jornada. Desde hace tiempo necesitábamos en Holguín debates como estos. Basta para pedir una segunda y tercera edición el tratamiento de temas como la crítica cinematográfica en el contexto de los medios digitales, las creaciones independientes y las estrategias de producción y distribución de nuestro cine. Mientras, me conformo con que la crítica joven conserve su capacidad provocativa, para no caer, como dice García Borrero, en el apasionamiento de las miradas.

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Acerca de Yasel Toledo Garnache

Corresponsal-Jefe dela Agencia Cubana de Noticias en Granma y Vicepresidente provincial de la AHS. Es graduado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y de Periodismo en la Universidad de Holguín. Periodista, ensayista y narrador. Amante del cine y el deporte.

Publicado el 29 de junio de 2012 en Comentarios y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. La critica, por lo general existe mas en espacios reducidos, como puede ser un pequeño bar, un grupo o incluso un blog. Pretender sacarla a espacios mas amplios es como contar las piedras en un rio. Pero desde luego la idea, aunque ilusa, no deja de ser atrayente. Saludos

  2. erian y yasel están acabando, whao!!!!!!!

  1. Pingback: POST-HOLGUÍN « cine cubano, la pupila insomne

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